Trata y abuso sexual: después de un evento traumático

Trata y abuso sexual: después de un evento traumático

Por la psic. Verónica González García, especial para Movimiento Viva México

Atravesar por un episodio de violencia donde se atenta contra la dignidad de la persona y se transgrede la seguridad y el bienestar emocional, es una de las situaciones más difíciles con las que mujeres y hombres pueden enfrentarse.

Todas las personas que desafortunadamente han sido víctimas de algún crimen como la trata de personas, el secuestro, abuso sexual, etc., llegan a desarrollar secuelas emocionales que los acompañan toda su vida. A nivel cognitivo y afectivo hay una afectación en el pensamiento, en la capacidad de atención y existe una dificultad para poder relacionarse e integrarse socialmente.

Existen también altas probabilidades de que pueda desarrollarse un trastorno de estrés post traumático, ya que cuando una persona está viviendo un evento de estas características, el cerebro y su sistema nervioso cambian a un modo hiper vigilante y reactivo, con la finalidad de poder responder de manera inmediata ante el peligro. Una vez pasado el evento, el organismo tiende a regresar de manera paulatina a la normalidad, los niveles de hormonas y sustancias químicas generadoras de estrés bajan y regresan a sus niveles normales. Sin embargo, en algunas personas esto no sucede, y su cerebro se mantiene en estado de alerta, lo que genera una serie de síntomas y comportamientos que interfieren con su vida cotidiana.

 

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Superar las secuelas de un evento tal no es fácil. A las víctimas les cuesta reconocerse como víctimas, y más bien, tienden a sentirse “culpables” por no haberse defendido, por no haber pedido ayuda a tiempo o porque sienten que “dieron su consentimiento” para que las cosas pasaran. El apoyo de la familia y las personas cercanas será fundamental para ayudarles a cicatrizar heridas.  Está claro que lo que sucedió no se puede cambiar ni olvidar, pero el objetivo a alcanzar en la recuperación de la víctima es desarrollar la capacidad de aprender a recordar sin que el miedo y la angustia la invadan.

Es muy importante que se sepan apoyadas y queridas. Darles la oportunidad de hablar sin que se sientan juzgadas es de los primeros pasos para la sanación emocional. Poner en palabras todo aquello que sienten es fundamental para evitar la somatización del trauma.

El acompañamiento de un terapeuta especializado será de vital importancia.

Y que dentro de la familia se promueva el diálogo y no se minimicen los sentimientos y actitudes de ningún integrante. Recordemos que cada persona vive el evento de manera distinta. Siempre, el amor, la comprensión, el tiempo que la familia y entorno social le brinden será clave en la recuperación.

Por Verónica González García, psicóloga, especialista de Red Familia

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