¿Por qué funciona portarse bien?

¿POR QUÉ FUNCIONA PORTARSE BIEN?

 Por Vero de la Concha para Viva México

 A medida que pasa el tiempo, hay más necesidad de paz…; los días transcurren y la mente ya no ve tanto el pasado, sino lo que vive uno hoy, y lo que va uno a dejar. Porque lo anterior es recuerdo; lo de ahora es lo que tengo y el mañana no sé si vendrá.

Poco a poco y conforme los años pasan, va uno valorando lo que es vivir en paz… y eso se vuelve casi una necesidad. Ya la energía de la juventud toma otro matiz y se va aminorando, no porque no pueda uno disfrutar de la vida; todo lo contrario, la vida de define más claramente y uno elige aceptar que tomar una taza de café al lado de alguien que quieres es tan terapéutico y tan delicioso como aquellas tardes cuando salías a divertirte hasta entrado el anochecer, o cuando el corazón se volcaba de nervios porque el chico que tanto te gustaba estaba a punto de tocar el timbre de la puerta.

Los momentos cambian. Hay recuerdos que agradeces y repasas con alegría, especialmente, cuando viviste tu juventud portándote bien, disfrutando, bailando, cantando y divirtiéndote ‘en los momentos propios y de manera correcta’. ¿Por qué?  ¡Porque es real!  Cuando ‘te portas bien’ en cada etapa de la vida, ésta te resulta más ligera, más linda, más digna de recordar agradeciendo aquellos días; vuelves a vivirlos y sonríes.

Mis padres siempre me decían que ‘hacer lo correcto en el momento correcto y vivir lo adecuado a su tiempo es, en primer lugar, un regalo para ti misma’. La verdad, los quise mucho y los respeté, y les hice caso, pero también hice mis travesuras. Por ello, mi ritmo de días en la niñez y juventud fue calmado, feliz y sin mayores llantos; es decir, creí en la recomendación de mis papás, aunque no la entendía muy claramente (a lo mejor actué así por conveniencia más que por convicción), y eso me evitó problemas. Mis años avanzaron de manera bonita, sencilla y disfrutando de lo que me estaba tocando vivir.

Ahora soy una felicísima abuela. ¡Ah, cuánto entiendo a mis papás hoy y cuánto peso doy a sus dichos! Nunca imaginé el hermoso premio que me llevaría. Hoy, puedo ver a mis hijos y nietos con autoridad moral, con honestidad en la mirada y con tal convicción al recomendarles ‘portarse bien’ (sobre todo a los nietos, ya), que es creíble, lo que les platico, les enseño con mi vida, con mis resultados de días tranquilos, de paz y buenos sabores.

Sé que nunca es tarde para recapacitar y levantarse de un bache.  No pretendo decir que solo quien ‘se comporta en santidad’ le va bien… ¡para nada! Para unos, las condiciones de familia y educación facilitan el buen comportamiento. Para otros, es más complicado. Lo sé. Pero se puede.

No pretendo decir que nunca he llorado, ni que todo fue fácil y que jamás me equivoqué (es más, muchas veces lo hice). Ninguna vida es perfecta. Pero aseguro a mis nietos que ‘funciona portarse bien, pues el primer regalado es uno mismo’… se liman obstáculos y se camina con pasos firmes, libres y con una sensación de tranquilidad hermosa.

Porque ‘portarse bien sí funciona’, aunque el mundo entero los quiera convencer de lo contrario. Cada etapa de la vida debe vivirse con rectitud, con serenidad, con aceptación, con humildad y esperanza… eso ya empieza a ser un regalo que les durará siempre. No corras, todo llega a su debido tiempo. Y cuando vuelvas tus ojos al pasado, te felicitarás porque ‘portarse bien, funciona’ de niño, de joven y hasta de viejo.

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