Nos hacen falta traductores

Por Antonio Maza Pereda para Movimiento Viva México

No, no me refiero a que, gracias al comercio internacional, vamos a necesitar especialistas en diferentes lenguajes. El tema es mucho más cercano a nosotros; es un tema social. En parte debido al rápido crecimiento del conocimiento y también en parte, al relativismo que reina en las discusiones, tenemos el grave problema de no entendernos unos con otros.

No nos entendemos entre empresarios y empleados, entre profesores y alumnos, entre gobernantes y ciudadanos, entre la oposición y los electores, así como dentro de las propias familias. Y no es que estemos hablando otro idioma: es que estamos utilizando un lenguaje peculiar, uno que solo es entendible por quienes son parecidos a nosotros. Por ejemplo, los dichos comunes entre los ciudadanos y ciudadanas de la tercera edad y que son totalmente obscuros para muchachos y muchachas de la generación Z o similares.

Y nos encontramos también con lenguajes particulares: los abogados no se entienden, por ejemplo, con los financieros, y a estos a su vez les cuesta trabajo entenderse con los técnicos, o los contadores sufren tratando de entender lo que quieren decir los de sistemas. Y estamos hablando de personas de un nivel cultural similar. Imaginemos cuando se dan cruces entre mundos distantes en materia de trabajo o intereses.

Desgraciadamente, esto nos está costando en términos de confusión, errores, retrasos de nuestros planes. Y no hablemos de los políticos:  las ideas políticas son difíciles de entender por el ciudadano común y muchas veces por los mismos periodistas que, supuestamente, nos comunican las acciones y los logros de estos políticos.

Hemos caído en el vicio de un lenguaje propio de minorías que no es entendible por quienes están fuera o por el grueso de la gente. Y eso tiene sus consecuencias. Se dice, y posiblemente tengan razón, que en México se lee poco. Y las estadísticas lo avalan. Pero no existe estadística que nos diga si aquello que se publica se hace con un lenguaje complejo o que distancia a unos de otros, provocando que muchos ya no quieran hacer el esfuerzo de comprender lo que escuchan o leen. Y se agranda la brecha, surgen las grietas.

Se dice, y probablemente es cierto, que muchos de los políticos más exitosos deben parte de su éxito al hecho de que pueden hablar en el lenguaje de la mayor parte de los votantes. Tal vez uno de los mejores ejemplos es el caso de Andrés Manuel, independientemente de que estemos de acuerdo con él o no: ha encontrado el modo de transmitir sus ideas de manera que una parte importante de la población le entiende. Cosa que no se da con otros políticos, muchas veces son tan técnicos o afectos al lenguaje político, que el votante normal no tiene clara idea de qué es lo que están proponiendo. Hablan bonito, pero no se entiende qué es lo que tratan de decir

No estamos hablando necesariamente de la capacidad de convencer. Un buen traductor no está interesado en convencer de sus ideas; solo le interesa transmitir con total fidelidad el sentido de lo que está traduciendo. Necesitamos poder traducir nuestras ideas de manera que la sociedad pueda entender con precisión lo que proponemos y puedan debatirlo, ver los aspectos positivos y negativos, y llegar finalmente a una conclusión, asegurándonos de que estamos hablando de lo mismo.

Nos hace falta poder discutir y debatir los temas nacionales con precisión, sin confusión de términos. Y para ello necesitamos desarrollar el servicio de traducir, en términos que la mayoría de la ciudadanía pueda entender, las necesidades, los proyectos y las propuestas de distintos sectores de la sociedad y sobre todo de la clase política. Si no logramos tener una buena traducción entre los sectores de nuestra sociedad, nuestro futuro probablemente será triste. Seremos fáciles de manipular. Sí, nos hacen falta traductores de buena fe, fieles al significado de lo que traducen, sin agendas ocultas, aceptados por distintos sectores de la sociedad. ¿Se anima a dar ese servicio?

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